Detalle de obra
Láminas de cal
Estratos ondulantes de papel y cartón construyen un muro claro, donde la luz se posa en cada borde y sombra mínima.
Texto curatorial
A modo de piel sedimentada, la superficie se organiza en una sucesión de franjas horizontales ondulantes, superpuestas como láminas que se desplazan unas sobre otras. El conjunto, de lectura frontal y serena, queda ligeramente descentrado por una columna de empalmes verticales: pequeñas piezas rectangulares que interrumpen la continuidad del “estrato” y revelan el ensamblaje como método.
La paleta se mantiene en un registro calizo: blancos rotos, grises ceniza y veladuras terrosas apenas insinuadas. Sobre ese campo contenido, aparecen zonas de moteado fino y salpicado que densifican el plano sin perder su quietud, como una pátina mineral. En la franja superior, un depósito más oscuro —ocre grisáceo— actúa como coronación, sugiriendo desgaste y acumulación.
El relieve, visible en el perfil, es decisivo: cada borde levantado proyecta una sombra estrecha que recorre la obra en paralelo y marca un ritmo respirado. La materia no busca el gesto, sino la construcción paciente: pliegues, solapas y escalones mínimos que atrapan la luz lateral y convierten la pintura en una arquitectura blanda, entre muro y horizonte.